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 Las mujeres que impulsan sus cultivos con riego solar en el Altiplano boliviano

Escrito por: Mónica Cuba, Practical Action

Con el riego solar, las mujeres productoras reducen sustantivamente el trabajo de recolección de agua para sus cultivos, lo impulsan y gestionan su tiempo y su futuro a partir de la energía renovable.

Sistema de paneles solares en Cuno Cuno (Ventilla), favorece al riego solar tecnificado y potencia la producción en la zona.

En la comunidad de Cuno Cuno, en el altiplano de La Paz, el agua siempre ha sido escasa. Sin embargo, desde 2023 la situación se volvió crítica: la región enfrenta una de las sequías más intensas de las últimas dos décadas. Según el Balance Hídrico Nacional de Bolivia, esta ecorregión recibe apenas 330 milímetros de lluvia al año. El 92% se evapora. Solo el 8% queda disponible.

Justina Mamani lo sabe bien. Durante años dependió exclusivamente de la lluvia para cultivar papa, cebada o alfalfa, alimentos base para su familia y sus animales. “Si no llovía, había que pagar una bomba eléctrica o cargar agua a los cultivos”, cuenta. “Pero no se puede cargar mucha. Por eso sembrábamos poquito, un pedacito”.

A veces, ni siquiera eso alcanzaba. Muchas familias terminaron comprando alimentos que antes producían. La sequía también cambió la vida de su comunidad. Los jóvenes empezaron a migrar. En el caso de Justina, sus siete hijos se fueron buscando trabajo fuera. “Nos quedamos los mayores en el campo”, dice.

¿El sol puede ser fuente de agua?

En Cuno Cuno y en otras comunidades del altiplano, sistemas de bombeo solar permiten llevar agua a los cultivos sin depender de combustibles ni electricidad costosa. “Antes no alcanzaba el agua porque el riego con energía era muy caro”, explica Justina. “Ahora tenemos paneles solares. Ese problema desapareció”.

Más de 25 sistemas de bombeo solar ya funcionan en los municipios del Altiplano, Valles y Amazonía.  Pero el cambio no es solo tecnológico: Las comunidades también se han capacitado para usar, mantener y gestionar los sistemas de riego, fortaleciendo una gobernanza local más equitativa.

En el municipio de Santiago de Callapa, por ejemplo, 380 mujeres se formaron en el uso y mantenimiento de esta tecnología. La comunidad, motivada por iniciativas de lideresas como la joven universitaria Verónica Villca, incluso modificó el estatuto de su comité de agua para asegurar que hombres y mujeres compartan responsabilidades en su administración (Conoce más aquí).

Agricultura para la seguridad alimentaria y la resiliencia comunal

En Cuno Cuno, el sistema de riego, el uso de biointensivos y la diversificación de cultivos promueve

Como otros de los efectos de este proceso, se fortalecieron los capitales de los medios de vida resilientes:

  • Físico: acceso a la tecnología
  • Humano: capacidades mejoradas
  • Social: gobernanza fortalecida
  • Financiero: inversión para la implementación, mantenimiento y ahorro para la sostenibilidad a partir de acuerdos establecidos comunalmente.

Adicionalmente, para aportar a los sistemas alimentarios, las mujeres, las organizaciones y comunidades de las que son parte, se capacitaron en agricultura regenerativa y la elaboración de bioinsumos que permiten mejorar la calidad del suelo.

Con estas mejoras, las parcelas también empezaron a transformarse. “A la papa, cebada y quinua que son tradicionales de nuestra zona, hemos sumado nabo, zanahoria, cebolla, rabanito, haba e incluso alfalfa. Ya no tengo que comprar verduras en la feria, porque las cultivo yo misma, lo que me da seguridad alimentaria y la posibilidad de vender el excedente para tener un ingreso”, menciona Justina.

El riego también permite aumentar la producción e incluso duplicar los ciclos agrícolas en algunas parcelas. Para muchas familias, eso significa más comida, más ingresos y nuevas razones para quedarse.

Justina mira el futuro con esperanza. “Yo pienso que, en cinco años, todos mis hermanos de la comunidad tendrán esta misma oportunidad. Si la cosecha es buena, la gente no tendrá que irse lejos para trabajar. Habrá más ingresos, más comida y una razón para que los jóvenes vuelvan a sus casas y vivan de la tierra”, comenta.

Por su parte, Verónica confirma la posibilidad de que esos deseos se cumplan: “Voy a quedarme en mi comunidad, porque hay mucho por hacer, el agua nos va a dar oportunidades a los jóvenes que íbamos a la ciudad para buscar una mejor. Con el acceso al agua, las mujeres estamos despertando”.

Este proceso ha sido impulsado por Practical Action junto a aliados como Ekoenergy ecolabelKilburn&Strode y la Fundación Eurofins, PNUD Bolivia a través de su iniciativa Climate Promise, gobiernos municipales y las mismas comunidades.

Por: Mónica Cuba, jefa de Comunicaciones de Practical Action en Bolivia