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COP30: Cuando la adaptación ya no alcanza en los Andes del Perú 

Escrito por: Fiorella Ramos | Edición de Miguel Arestegui, líder temático de resiliencia climática en Practical Action para América Latina

Durante la COP30 en Belém, Brasil, el tema de pérdidas y daños (Loss & Damage) cobra protagonismo. Este término expresa lo que muchas comunidades ya viven: impactos irreversibles del cambio climático que ni la mitigación ni la adaptación alcanzan a contener. 

En los Andes del Perú, la crisis es tangible: los glaciares de la cordillera tropical han perdido más del 50 % de su superficie desde los años 60.  Existe una reducción de hasta el 9 % en la precipitación acumulada en algunas cuencas altoandinas entre 2000–2009 vs. 2010–2019. Peligros como sequías y desbordes de lagunas glaciares asociados a estas condiciones impactan en los medios de vida de las personas, en las tierras, ganado, infraestructura, pero también en los saberes ancestrales que se pierden, comunidades que se fragmentan e identidades culturales que se desvanecen.  

En el pabellón alemán de la COP30, Reinhard Mechler del International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA) presentó evidencias de territorios en los Andes peruanos que han superado los límites de la adaptación, entre ellos un estudio conjunto con Practical Action en la cuenca del río Vilcanota-Urubamba, en Cusco.  

Los Andes peruanos al límite de la adaptación 

El estudio “Assessing and addressing climate-induced loss and damage in Peru” (Practical Action, 2024) muestra el trabajo realizado con comunidades en la cuenca del río Vilcanota-Urubamba (Cusco), una zona donde los glaciares retroceden rápidamente y los ecosistemas están bajo presión constante. El diagnóstico revela que inundaciones por desborde de laguna glaciar, sequías prolongadas, heladas más intensas y lluvias extremas están generando pérdidas tanto materiales como inmateriales. 

  • En Upis (Ocongate), una inundación repentina por desborde de la laguna glaciar Upisqocha arrasó caminos, puentes y causó la pérdida de dos canales de irrigación en 2022. 
  • Solo entre diciembre de 2023 y marzo de 2024, más de 100 000 personas fueron afectadas por lluvias extremas en la sierra sur del país, y escuelas, centros de salud, y más de 42 000 viviendas sufrieron daños o destrucción parcial.
  • En Pisac (Calca), localidad altamente turística, un deslizamiento cubrió el centro urbano con lodo y piedras, afectando a más de 200 familias, además de pequeños negocios. Dado que muchos de estos negocios son informales (y usualmente no cuentan con seguros), los reportes oficiales del desastre no contabilizaron estas pérdidas. El reporte tampoco cubrió el daño causado a los canales de irrigación de la comunidad Viacha, o a la tubería de agua potable de la comunidad. 

Estas historias reflejan lo que los investigadores denominan “límites de la adaptación”: cuando, frente a impactos irreversibles del cambio climático, la capacidad local de respuesta humana, técnica y financiera ya no alcanza para sostener la vida, la seguridad o el bienestar, incluso con medidas de adaptación o mitigación en marcha.  

Más allá de las cifras materiales, el estudio identifica pérdidas no materiales: reducción de áreas de pastoreo, migración forzada de jóvenes hacia ciudades, y deterioro del conocimiento tradicional sobre clima y agricultura.  

Crédito: Andy Salazar/ Unplash

Reconocer lo que se pierde 

En el Perú existen diversos mecanismos para evaluar elementos asociados a los daños y pérdidas, cada uno con su propia lógica y alcance. Sin embargo, más allá de su diversidad, el marco de pérdidas y daños propone capturar la magnitud completa de lo que se pierde cuando un territorio supera los límites de la adaptación. 

El caso del río Vilcanota-Urubamba evidencia que las pérdidas no económicas no son daños secundarios: son impactos centrales, que influyen en la continuidad educativa, en la migración de los jóvenes, en la capacidad de organizarse después de un evento extremo o en la transmisión de saberes agrícolas que hoy se encuentran en riesgo. 

Desde la COP30 en Belém, una deuda pendiente 

El caso peruano fue presentado como evidencia de cómo las pérdidas y daños se viven ya en el Sur Global, mientras los mecanismos financieros internacionales avanzan lentamente. 

El Fondo de Pérdidas y Daños, anunciado en la COP27 y puesto en marcha en la COP28, deberá demostrar que puede llegar realmente a comunidades como la de Pacchanta, donde el cambio climático ya transformó la vida cotidiana.