Justina narra el impacto de la energía solar en su comunidad

Justina Mamani es una de las muchas agricultoras afectadas por una sequía constante en el altiplano boliviano, que ha tenido un efecto negativo en las cosechas de los últimos dos años. Justina narra el impacto de la energía solar en su comunidad.
Justina estaba segura de que producir era mucho más caro que comprar los alimentos, debido a la inversión necesaria para acceder a agua para riego localmente; por ejemplo, debía pagar el alquiler de una bomba eléctrica por hora y aprovechar el riego en sus parcelas.
La falta de agua era un problema constante y, en tiempos de sequía o heladas, las cosechas fracasaban. Parecía ser un privilegio de unas cuantas familias frente a una economía de subsistencia representativa en la zona.
“Para sembrar, sólo esperábamos a la lluvia porque si no tenías que pagar por la bomba eléctrica o cargar agua hasta los cultivos; no se puede cargar mucho, entonces poquito sembrábamos, así un pedacito, pero no era suficiente el agua”.
Para esta mujer, su labor productiva dependía sólo de la lluvia. Se sentía destinada a vivir con lo que la tierra, sin mucho riego, podía ofrecer: papas, cebada y quinua.
La mujer de más de 60 años, compartió que la migración era un problema articulado a la sequía: “esa dificultad obligaba a nuestros hijos a irse lejos, en busca de una vida mejor, dejándonos a los mayores solos en el campo”.
Con el riego se cosecha, un nuevo futuro

“Antes no había pues agua, no alcanzaba. Como era con energía, nos salía muy caro y cómo podíamos pagar esa plata. Con la energía del sol, ese problema desapareció. Hemos recibido un panel solar para nuestro riego”.
Con la llegada del riego, su producción se transformó. No sólo volvió a ser una práctica continua dentro de su comunidad, sino que ahora pueden sembrar una gran variedad de hortalizas bajo la lógica de una agricultura resiliente basada en la regeneración del suelo que combina cultivos propicios a este fin.
“A la papa, cebada y quinua que son tradicionales de nuestra zona, hemos sumado nabo, zanahoria, cebolla, rabanito, haba e incluso alfalfa. Ya no tengo que comprar verduras en la feria, porque las cultivo yo misma, lo que me da seguridad alimentaria y la posibilidad de vender el excedente para tener un ingreso”.
Con alta expectativa esta mujer compartió su visión para mejorar el riego y la producción en la zona: “Podemos recibir agua en los tanques, o podemos tener qotañas (reservorios de agua)” señaló enfatizando que estos reservorios podrían garantizar un beneficio para cultivos como la alfalfa que normalmente se pierden por la escases de agua.
Rápidamente Justina desde las prácticas en su parcela se ha vuelto un referente de otras mujeres y sus familias y ha sido seleccionada para participar como promotora de su comunidad. Justina demuestra que el riego es más que la tecnología; es un catalizador para la inclusión social y el empoderamiento de las comunidades sobre todo de mujeres y jóvenes.
“Yo misma aprendí a sembrar y a producir abonos naturales, como el biol y el compost, para proteger mis cultivos de las plagas sin químicos. Y ahora, tengo la responsabilidad de enseñar a los demás para que todos puedan beneficiarse”.
El sueño de un retorno al campo

“Yo pienso que, en cinco años, todos mis hermanos de la comunidad tendrán esta misma oportunidad. Si la cosecha es buena, la gente no tendrá que irse lejos para trabajar. Habrá más ingresos, más comida y una razón para que los jóvenes vuelvan a sus casas y vivan de la tierra”.
Justina afirma sentirse feliz y esperanzada frente a la sequía, una amenaza latente, que hasta hace menos de un año los afectaba y alejaba de tu trabajo y tierra. El riego representa una oportunidad de vivir con dignidad, ya que gracias gracias a la energía solar y el manejo adecuado del sistema sus beneficios llegan a las personas de Cuno Cuno.
“Antes, sólo algunos podían sembrar, pero con este panel solar, el agua ya no será un problema, y podremos sembrar más. Hemos sido ayudados y, por eso, ahora podemos ayudarnos a nosotros mismos y a nuestra comunidad”.
La comunidad de Cuno Cuno trabaja junto a Practical Action en el marco de proyecto Energía solar para promover la agricultura resiliente y mejorar la seguridad alimentaria en comunidades alrededor del lago Titicaca, ejecutado por con apoyo de Ekoenergy ecolabel, Kilburn&Strode y la Fundación Eurofins. Cómo esta comunidad, otras 9 en la cuenca Katari apuestan por la energía alternativa para riego con el fin de contribuir a la adaptación al cambio climático mediante prácticas de riego tecnificadas que utilicen energías renovables y promuevan una agricultura resiliente.
Por: Mónica Cuba/ Practical Action